lunes, 30 de junio de 2008

La graduación del G

El acto estuvo bastante bien, aunque con demasiado discurso: discurso del profesor Dani (suspiro), carta de discurso de un profesor ausente, discurso de nuestros amigos (entrañable, plagado de recuerdos y bromas), carta de discurso de Ramón García ( en la que por cierto nos recuerda que no hace falta comerse 5 años de carrera para salir en la tele, desde luego a mi me pareció casi una falta de respeto) y tras la entrega de las becas discurso de nuestro padrino en la graduación - yo diría que milésima opción para los que votaron candidato, después de Matías Prats, Gabilondo, los hermanos Milá y una larga lista de periodistas y no tan periodistas - el director del diario gratuito "20 Minutos"

Los presentadores, una chica y Roberto, el organizador, parecían salidos de una gala de los premios Goya, con guión, bromas y espectáculo.

Nadie se cayó al ir a recoger la beca, Roberto nos demostró que no era muy difícil poniéndose en mitad de la "gala" unos tacones rojos de vértigo y subiendo y bajando las escaleras, caminando como una auténtica modelo y haciéndonos lamentarnos a todo el público femenino de nuestra basta manera de andar con tacones.

LizaGARRA al ir a coger la beca, cómo no. Yo por supuesto fui a que me pusiera la beca Dani, la beca y dos besos en la mejilla, para acabar bien. Y otros dos besos le robé cuando fui a invitar a los profesores a la cena.

La cena buena, cara y divertida. Volaron migas de pan todo el tiempo, algunas más que migas parecían barras. Descubrimos por que el ataque de "Squirtel" (Pokemon) es tirar un chorro de agua. La "china" empezó ya a llorar, y varios de nosotros la imitaríamos más tarde y con unas cuantas copas más en el cuerpo.

El garito era en los bajos de Argüelles, ah (un "ah" con expresión de reflexión y algo de nostalgia, mirando hacia arriba y suspirando) ahí empecé yo a salir y terminé después de todo. Una noche desde luego para recordar - los que podamos - con un final muy muy emotivo, y es que casi inundamos los bajos de tanta lágrima.

Una cerveza para desayunar y poco a poco el bar se fue quedando vacío. La gente salía de mi vida y empezaba la suya. Esperé sentada a que todos se fueran porque no era capaz de irme y decir adiós.

Yo me quedé con los de siempre, el llamado "trío la-la-la" (a mí también me parece ridículo el nombre, no sé quién lo puso) Juan Pe, Nacho y yo, y alargamos la fiesta hasta las 14.30, hasta que estaba tan cansada que por fin no me importaba que el día acabase.


Ahora me olvidaré de vosotros un tiempo, hasta que pueda recordaros sólo sonriendo, sin que las lágrimas empañen los buenos momentos.


Os quiero mucho.

3 comentarios:

María dijo...

Paula m hiciste llorar otra vez...se q gane el titulo de la llorona, pero eran demasiadas emociones juntas, una noche repleta de lagrimas sinceras, eso si!! Yo no m despedi de la mitad, pensando en q los volveria a ver, o mas bien en que kiero verlos. La noche se m hizo demasiado corta, keria estar cn todo el mundo y al final con nadie... Pero bueno, ante todo nos keda un verano prometedor y sobre td... VIVA CUBA NIÑA!! ya sabes porq ;)En fin, q sigo llorando... jejeje

Vicente García dijo...

Aunque yo no lloré esa noche (de hecho intenté animar a todos los llorones) el dia siguiente me levante con una sensación super extraña,y no era la resaca, bueno sí, pero era además de la resaca. Una especie de hueco interior, de caida constante al vacio. Una sensación muy añarga ya que inevitablemente algo se ha acabado.
Aunque nunca ejerza la profesión de periodista y toda mi vida sea un gruista, siempre me alegraré de haber estudiado esta carrera, por que si no hubiera sido por ello nunca os habría conocido. Ya formais parte de mi vida, y estoy convencido que aunque no nos veamos tan a menudo siempre habrá un hueco en nuestras agendas para reunirnos y contarnos lo bien que nos está yendo.
Un besito enorme.

Carlos dijo...

Que sentimental te pones cuando quieres, Vicen, con lo que tú has sido. Una despedida de 6 horas para 5 años de carrera. Más de uno se deja algo qué decirle a alguien. Cinco cursos y parece que es éste el único que se queda corto. Y un acto de dos horas para recordarnos que tenemos más en común de lo que pensábamos. Aún nos quedarán esas reuniones de ex compañeros de facultad cada tres o cuatro años en las que ya iremos todos emparejados y con un salario mileurista y otros presumiendo de sus reportajes en la tele o sus artículos en una revista.

Un placer. Salud.